Opinión

Cincuenta aniversario del Día de la Lealtad

Esta fecha marcó un punto clave en la historia de conquista, de la quinta frontera o zona canalera. 


Modesto Rangel Miranda
modestorangel46@gmail.com

En verdad, es triste que, por un arranque pierdas el control del país y en este caso no podemos obviar las diversas fechas que forjaron con verdadero ahínco nuestra historia y su vinculación con el cambio socio-político desde 1968 hasta 1989, dónde nuestra nación vivió un cambio trascendental e histórico, pero hay quienes mantienen ideas de olvidar diversos acontecimientos que parte de nuestra historia patria.

Es cierto que, 116 años de historia nos han enseñado que la palabra historia, es la recopilación de eventos cuyos protagonistas plasmaron para las futuras generaciones los diversos momentos que serían leídos por diversas generaciones juveniles y que, con el transcurrir de ello, ayudaría a forjar los designios de una nación fundamentada en el respeto, la base sólida de una democracia y libertad donde los verdaderos principios es el equilibrio de ideas y pensamientos, sin inquirir en vaivenes políticos, porque, la nación no debe contemplarse en asuntos políticos, sino, en que debemos servir con verdadero esfuerzo para nuestra nación.

Pero cómo podremos recordar, los verdaderos antecedentes que promulgaron los hechos y cambios dentro de la Comandancia o Cuartel de la Guardia Nacional de la República de Panamá, un 16 de diciembre de 1969, donde algunos oficiales militares anhelaban mantener un paradigma constitucional continuista de la clase social que por años había divido la sociedad panameña.

Lo cierto era que, ya se necesitaba el verdadero rompimiento de esos esquemas en que los gobiernos de turno gozaban de verdaderos privilegios a diferencia de un pueblo completamente sufrido.

Basta recordar que, las acciones dadas aquel día rompe contra todo proceder del continuismo político en que, los gobiernos de turno eran muy fervientes copartidarios de funcionarios y colaboradores del estamento de seguridad de los Estados Unidos, en querer transformar, nuestra nación en un protectorado, acción que fue el rechazo del pueblo panameño ante lo que se conocía como la uinta frontera, un territorio dentro la antigua zona del Canal de Panamá.

Es evidente que los hechos del 11 de octubre de 1968 no puede olvidarse en nuestra historia y de aquellos panameños que vivieron ese magno acontecimiento. Más el 16 de diciembre de 1969 sentó las bases dentro de la entidad castrense en una transformación social y política, proyectada en el retiro de la oficialidad al Cuartel Central y el cambio de actitud positiva del General Torrijos, a conocer más de la realidad que vivía el pueblo panameño.

La historia es rica en verdaderos hechos; el 16 de diciembre del 1969, un grupo de militares dieron una muestra de lealtad al General Torrijos frente a oficiales del Estado Mayor apoyados por sectores, que buscaban el continuismo político en el país, desde 1903 hasta 1968, sin embargo, los hechos marcaron una transformación política y social, enfocada en principios de mayor beneficios que anhelaba el pueblo panameño.

La mañana del 16 de diciembre de 1969, se efectuaba una reunión establecida por la Junta Provisional de Gobierno, presidida por el coronel José María Pinilla y el coronel Bolívar Urrutia donde daban a conocer decretos militaristas, ordenando el cese de las garantías individuales y constitucionales en la República de Panamá.

Tras conocerse los planes para la llegada del General Torrijos desde México, la situación en la Comandancia se ponía más delicada.
Esa junta Provisional de Gobierno era o màs bien una agrupación de militares jubilados, cuyas directrices de poder eran acatadas bajo toda disposición.

En este caso, estos militares ya habían conformado el equipo que le daría el golpe al General Torrijos, quien al ejecutar dicha acción en la entidad castrense conformaría una Junta Civil y Militar.

Lo cierto sería era que, los militares golpistas desconocían de los planes del que sería su mano derecha en la ciudad de David, el General Manuel Antonio Noriega, quien ese entonces fungía como jefe de la Zona Provincial en Chiriquí.

Dentro de la institución se vivía una incertidumbre ya que, no se conocía quien tenía el mando en ese momento. El coronel José María Pinilla, quien formaba parte de la Junta de Gobierno Provisional, le informó al General Torrijos, que ya no estaban en el poder ni tenía el control de la Comandancia.

Conociendo de las acciones de esta Junta y al enterarse de lo ocurrido en Panamá, Torrijos decidió regresar de inmediato. Tenía poco más de un año en el poder. A su llegada a la provincia de Chiriquí, Torrijos contaba con el apoyo incondicional de otros oficiales, entre ellos, el ex dictador Manuel Antonio Noriega.

Manuel Antonio Noriega era el jefe de la zona militar de Chiriquí, y desde David facilitó el regreso de Torrijos a la ciudad de Panamá, especialmente al Cuartel Central.

En su retorno a la ciudad capital, recibió el apoyo del teniente coronel, Lorenzo Porcell, jefe de la Fuerza Aérea Panameña, Ricardo Garibaldo, segundo jefe de la Quinta zona militar, y Edilberto Del Cid, teniente en el escuadrón Macho de Monte.

El general Torrijos y Manuel A. Noriega en David, Chiriquí

En México, Torrijos y su comitiva, entre ellos, el coronel Rubén Darío Paredes, alquilaron un avión de una empresa de taxis aéreos mexicanos, aunque en Panamá, los oficiales leales a Torrijos arreglaron para que el avión aterrizara en el aeropuerto Enrique Malek de David. Es evidente que el 16 de diciembre de 1969, cambiaría el rumbo no solamente de la historia de la entidad castrense militar dentro de la Comandancia, sino, también en el esquema político nacional donde los componentes militarizados se replegarían a los cuarteles y sus sables serían en bastiones de defensa de la patria.

A su llegada a la Comandancia, diversos oficiales se unieron al General Torrijos para darle su mas reconocible apoyo, entre ellos, estaban Pedro Pérez, el exjefe del G-2, coronel Alejandro Araúz Valencia, coronel Roberto Díaz Herrera, coronel Florencio Flores Aguilar y coronel Luis Segura Moya.

El recibimiento de Torrijos fue inmenso, aunque a su vuelta venía acompañado con lo que sería su nueva Junta Civil integrada por Demetrio Basilio Lakas y Arturo Sucre quien asumió el mando de la Junta Civil. Por su parte, aquellos oficiales de alto mando que desafiaron su autoridad en la Comandancia, fueron destituidos, o encarcelados como los cabecillas Amado Sanjur, Ramiro Silvera, Serafín Achurra y Luis Olmedo Nenzen Franco, algunos de los cuales se evadieron de la Cárcel Modelo.

La historia guardará su mayor significado

Como panameño, debemos ser garantes de mantener nuestra postura de que primero es nuestra nación y después el extranjero.

Nuestra historia es rica en muchos acontecimientos desde la llegada de Rodrigo de Bastidas en 1501, hasta hoy 16 de diciembre del 2019.

Muchos serán los que desean borrar el esquema y la figura de quien fue el general Torrijos. No podemos negar que dentro de las filas de la entidad castrense se cometieron muchas irregularidades, pero seamos serios y respetuosos con nuestra historia.

Ella después de las Sagradas Escrituras, la Biblia que es nuestro libro de mayor importancia en nuestras vidas, nuestra historia es nuestra segunda biblia y no debemos olvidarlas, a ningunas de las dos, ya que, hacerlo sería estar condenados a perecer en lo más cruel que el panameño pudiese dejarle a sus hijos y sus generaciones.

El verdadero legado de Torrijos después de esta fecha, 16 de diciembre, fue el enarbolamiento de nuestra bandera, como lucha generacional dentro de lo que fue la quinta frontera, en la antigua Zona del Canal de Panamá.

Un verdadero luchador por una nación no se dejaría influir y marcaría verdaderos ideales, en beneficio de la nación. Ese fue la lucha de Torrijos de contribuir con el mejoramiento social, político y económico de la República de Panamá y la historia no lo negará jamás.

Omar dijo una vez: “Es mejor decirle al pueblo lo que vamos a hacer, las conquistas que podremos lograr si trabajamos todos juntos”. Lo fundamental de todo es que no podemos olvidar dar el pasado, el desconocer nuestra historia, nos lleva paulatinamente a perder nuestra identidad.

Recordarla es vivirla, debemos ser la levadura ferviente en nuestros jóvenes, para que conozcan nuestra verdadera identidad como nación. La historia es cíclica, conocerla nos permite tener una guía de los errores, que no debemos repetir, ni volver a vivir.

Recordar, no impide perdonar, es más bien necesario para que nuestro espíritu se libere y nuestra mente logre el progreso en todos sus ámbitos, social, político, económico, cultural, permitiendo que las futuras generaciones sean el verdadero faro iluminante de que Panamá es una verdadera nación con grandes ideales al servicio de sus ciudadanos.

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