Opinión

Vigésimo aniversario de la reversión del Canal de Panamá

El 31 de diciembre, la República de Panamá tomaba el control de las instalaciones de la vía interoceánica.


Modesto Rangel Miranda
modestorangel46@gmail.com

Cada año existe una fecha, en la cuál, los panameños debemos sentirnos orgullosos de un acontecimiento que marcó nuestras vidas, inspirado en las diversas luchas nacionalistas por la reivindicación de nuestra patria y en lo que un día fue conocido como La Quinta Frontera.

La lucha del pueblo panameño marcó ese cambio donde el mayor anhelo de los istmeños era concretizar ese deseo; después de la separación del istmo de Colombia. Pero conocer esa fecha, es necesario recordar aquellos antecedentes que mostraron el esquema de un pueblo que no cedió ante las pretensiones de gobiernos incapaces de mantener una actitud nacionalista.

Tratado Torrijos Carter de 1977

Culminada la Separación de Panamá de Colombia, el mayor deseo de los panameños era la construcción de un canal interoceánico que, confortara el sueño de unir los dos océanos; como se había contemplado en las cartas del Rey Carlos Vº de España.

Pero la historia marcó un rumbo diferente, ya que, el 18 de noviembre de 1903, se firmaba en Washington, un acuerdo que pondría a Panamá bajo las disposiciones del gobierno de los Estados Unidos, pero que en su mayoría, había sido punto de controversia, porque el presidente Teodoro Roosevelt no tenía mayor grado de establecer una colonia o protectorado, como muchos de los zoneítas de 1964 consideraban sus interpretaciones, de lo que debería ser el tratado Hay – Buneau Varilla.

Todas estas acciones sumaron el mayor sueño de los istmeños por la recuperación de nuestra unidad territorial, donde el punto efervescente fue la gesta del 9 de enero de 1964, cuando estudiantes del Instituto Nacional se dirigieron a los predios de la Escuela Secundaria de Balboa para hacer cumplir el acuerdo Chiari–Kennedy de 1963, donde establecía la izada de la bandera nacional de Panamá, junto con la de Estados Unidos, dentro de las instalaciones públicas de la zona del Canal de Panamá.

Tras la muerte del presidente Kennedy, en noviembre de 1963, el gobernador de la zona, Robert Fleming, mantuvo una actitud negativa de no izar la bandera dentro de la escuela secundaria.

Ante la actitud de este señor, los estudiantes del Instituto Nacional se dirigieron a la Escuela Secundaria de Balboa para que, se cumpliera dicho acuerdo, sin embargo; para padres de familia, estudiantes y la policía canalera era un momento de mayor tensión.

Los estudiantes panameños se retiraron con el emblema destruido hacía la Presidencia de la República, donde fueron recibidos por el presidente Roberto Francisco Chiari.

Ante los sucesos conocidos, el mandatario decidió romper relaciones con los Estados Unidos. En ese momento, el pueblo panameño junto con sus estudiantes cruzaron la zona para hacer valer el respeto soberano de un pueblo que clamaba respeto por su soberanía dentro de la zona del Canal. Allí se iniciaron los hechos del 9 de enero de 1964 donde por tres días dieron resultados muy tristes para Panamá.

Transcurrido estos hechos, en abril de 1964, se reunieron delegados de ambos países, hasta que, en 1974 se logró el acuerdo Tack-Kissinger, donde establecía la disposición de un nuevo tratado, que se estableciera el cese de las hostilidades y la devolución de las instalaciones canalera a la Republica de Panamá.

Tres años de intensa negociación, el acuerdo final llegó el 7 de septiembre en la sede de la O.E.A. donde el ex presidente estadounidense Jimmy Carter y el general Omar Torrijos firmaban el tratado que sellaría de forma definitiva la presencia estadounidense tanto militar como civil dentro de las instalaciones canaleras, poniendo fecha, el 31 de diciembre de 1999, a las doce del mediodía, hora de Panamá, donde culminaría todos los tratados y acuerdos continuos del tratado de 1903.

El 31 de diciembre de 1999

Para ese gran día, la República de Panamá tomaba el control de las instalaciones de la vía interoceánica y culminaba un proceso histórico desde 1501 hasta 1999, donde muchas generaciones aportaron sus mayores sacrificios como lo fue la plena reivindicación y lucha por la recuperación del territorio nacional.

En esa fecha de reversión, le correspondió a la presidenta Mireya Moscoso, quien se convirtió en la primera mujer panameña en recibir las instalaciones del Canal de Panamá. Veinte años se han cumplido y el mayor beneficio de esta vía ha sido el mayor aporte al comercio marítimo, tanto de Panamá como a nivel mundial.

Con la ampliación del Canal de Panamá, en su tercer juego de esclusas, el país tiene una mayor fluidez de barcos cuyo volumen de carga supera los 1,250 millones de toneladas adicionales durante sus primeros 11 años desde su reversión a Panamá permitiendo una mayor operación naval, enfocado a los $6,000 millones por año, a partir del 2025.

El 31 de diciembre de 1999 a las 12 mediodía, miles de panameños y el mundo entero fueron testigos de la reversión definitiva del Canal de Panamá.

La contribución del Canal en la economía puede medirse desde dos perspectivas: la macroeconómica y la sectorial.

En el primero, el impacto puede ser medido por las exportaciones, aporte al PIB, recursos disponibles para el consumo y la inversión, entre otros. Mientras que, desde la óptica sectorial, se perciben los beneficios por el crecimiento de actividades como la agricultura, el comercio, turismo, actividad financiera, logística, por mencionar algunas.

Dicha contribución resulta de la actividad económica que realizan las empresas y las personas diariamente y que, de manera directa o indirecta guardan relación con el funcionamiento del canal.

Debido a su mayor aprovechamiento de la estratégica posición geográfica de Panamá en el continente y en el mundo, permite que la nación sea pieza importante para el comercio mundial, principalmente, la actividad que requiere o utiliza el transporte marítimo, beneficiando menores costos al recorrer distancias más cortas en menor tiempo.

Al mismo tiempo, el país se beneficia de ese tránsito generando empleos y atractivas oportunidades de inversión y de producción.
El resto del país también se beneficia de la actividad canalera, por la demanda interna de bienes y servicios, que se producen en las provincias y que son requeridos de manera directa o indirecta por las empresas y personas emplazadas alrededor de la Región Interoceánica, como punto de tránsito del Canal de Panamá.

También, el gasto de los ingresos públicos y los aportes directos que hace anualmente la ACP al Estado panameño, producto de los excedentes de las operaciones, son beneficios que se traducen en escuelas, carreteras, hospitales, en todo el territorio nacional.

En resumen, puede decirse que el Canal de Panamá impacta significativamente a la economía por tres roles principales:

1- Como fuente de exportación de servicios, donde los ingresos que se reciben provienen de los usuarios del Canal, por esta razón, forman parte del total de exportaciones de la economía y constituyen una fuente fundamental de recursos esenciales para el crecimiento económico, la generación de empleos, el flujo de inversiones, la adquisición y adaptación de nuevas tecnologías y la capacitación del recurso humano;
2- Facilita una variedad de actividades económicas adicionales y,

3- Sirve de soporte para otras actividades de exportación de servicios ubicadas en la zona de tránsito.

Al conmemorar estos 20 años de apertura y servicio al mundo marítimo, vale la pena decir que fue un verdadero triunfo que hombres y mujeres dieron sus logros y sacrificios en una magna obra de ingeniería que contribuye positivamente al desarrollo socio-económico de la vida histórica panameña enfocada al servicio del comercio marítimo mundial.

Después de su reversión, el canal de panamá es muy importante como fuente principal de comercio marítimo manteniendo un mayor flujo naval beneficiando a diversos sectores de la República de Panamá.

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